Breve historia del pensamiento económico II: de los Neoclásicos a los Neokeynesianos

A partir de la década de 1870, los economistas neoclásicos como William Stanley Jevons en Gran Bretaña, Léon Walras en Suiza, y Karl Menger en Austria, imprimieron un giro a la economía, abandonaron las limitaciones de la oferta para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores en términos psicológicos.

Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción obtenida con la última unidad, o unidad marginal, consumida, los neoclásicos explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo necesaria para producir los bienes, como en las teorías de Ricardo y de Marx, sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en obtener una unidad adicional de un determinado producto.

El economista británico Alfred Marshall, en su obra maestra, Principios de Economía (1890), explicaba la demanda a partir del principio de utilidad marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última unidad).

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En el anterior artículo Sebastián Laza analizaba la historia del pensamiento económico desde sus orígenes, con el Mercantilismo y la Fisiocracia, pasando por Adam Smith hasta el Marxismo.

En el presente artículo se explica de una manera muy sencilla la economía desde la perspectiva de la Escuela Neoclásica, la Escuela Keynesiana y la Economía Analítica para desembocar en pensadores contemporáneos como Olivier Blanchard, Greg Mankiw o Ben Bernanke.

Imagen: John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del S. XX Fuente: Imageshack.

E. Escuela Neoclásica

La economía clásica partía del principio de escasez, como lo muestra la ley de rendimientos decrecientes y la doctrina malthusiana sobre la población.

A partir de la década de 1870, los economistas neoclásicos como William Stanley Jevons en Gran Bretaña, Léon Walras en Suiza, y Karl Menger en Austria, imprimieron un giro a la economía, abandonaron las limitaciones de la oferta para centrarse en la interpretación de las preferencias de los consumidores en términos psicológicos.

Al fijarse en el estudio de la utilidad o satisfacción obtenida con la última unidad, o unidad marginal, consumida, los neoclásicos explicaban la formación de los precios, no en función de la cantidad de trabajo necesaria para producir los bienes, como en las teorías de Ricardo y de Marx, sino en función de la intensidad de la preferencia de los consumidores en obtener una unidad adicional de un determinado producto.

El economista británico Alfred Marshall, en su obra maestra, Principios de Economía (1890), explicaba la demanda a partir del principio de utilidad marginal, y la oferta a partir del coste marginal (coste de producir la última unidad).

En los mercados competitivos, las preferencias de los consumidores hacia los bienes más baratos y la de los productores hacia los más caros, se ajustarían para alcanzar un nivel de equilibrio. Ese precio de equilibrio sería aquel que hiciera coincidir la cantidad que los compradores quieren comprar con la que los productores desean vender.

Este equilibrio también se alcanzaría en los mercados de dinero y de trabajo. En los mercados financieros, los tipos de interés equilibrarían la cantidad de dinero que desean prestar los ahorradores y la cantidad de dinero que desean pedir prestado los inversores.

Los prestatarios quieren utilizar los préstamos que reciben para invertir en actividades que les permitan obtener beneficios superiores a los tipos de interés que tienen que pagar por los préstamos.

Por su parte, los ahorradores cobran un precio a cambio de ceder su dinero y posponer la percepción de la utilidad que obtendrán al gastarlo. En el mercado de trabajo se alcanza asimismo un equilibrio.

En los mercados de trabajo competitivos, los salarios pagados representan, por lo menos, el valor que el empresario otorga a la producción obtenida durante las horas trabajadas, que tiene que ser igual a la compensación que desea recibir el trabajador a cambio del cansancio y el tedio laboral.

La doctrina neoclásica es, de forma implícita, conservadora. Los defensores de esta doctrina prefieren que operen los mercados competitivos a que haya una intervención pública.

Al menos hasta la Gran Depresión de la década de 1930, se defendía que la mejor política era la que reflejaba el pensamiento de Adam Smith: bajos impuestos, ahorro en el gasto público y presupuestos equilibrados.

A los neoclásicos no les preocupa la causa de la riqueza, explican que la desigual distribución de ésta y de los ingresos se debe en gran medida a los distintos grados de inteligencia, talento, energía y ambición de las personas.

Por lo tanto, el éxito de cada individuo depende de sus características individuales, y no de que se beneficien de ventajas excepcionales en el sentido que hablaba Marx.

En las sociedades capitalistas, la economía neoclásica es la doctrina predominante a la hora de explicar la formación de los precios y el origen de los ingresos.

De hecho la mayor parte de la Microeconomía que se estudia hoy en las universidades (a nivel de grado) se la debemos principalmente a ellos. Leer más “Breve historia del pensamiento económico II: de los Neoclásicos a los Neokeynesianos”

Breve historia del pensamiento económico I: del Mercantilismo al Marxismo

Aunque fueron frecuentes las divergencias entre los economistas desde la publicación de La Riqueza de las Naciones (1776) de Smith hasta la de Principios de Economía Política (1848) de Mill, los economistas pertenecientes a esta escuela coincidían en los conceptos principales. Todos defendían la propiedad privada, los mercados y creían, como decía Mill, que “sólo a través del principio de la competencia tiene la economía política una pretensión de ser ciencia”.

Compartían la desconfianza de Smith hacia los gobiernos, y su fe ciega en el poder del egoísmo y su famosa “mano invisible”, que hacía posible que el bienestar social se alcanzara mediante la búsqueda individual del interés personal.

Los clásicos tomaron de Ricardo el concepto de rendimientos decrecientes, que afirma que a medida que se aumenta la fuerza de trabajo y el capital que se utiliza para labrar la tierra, disminuyen los rendimientos o, como decía Ricardo, ”superada cierta etapa, no muy avanzada, el progreso de la agricultura disminuye de una forma paulatina”.

El alcance de la ciencia económica se amplió de manera considerable cuando Smith subrayó el papel del consumo sobre el de la producción. Smith confiaba en que era posible aumentar el nivel general de vida del conjunto de la comunidad.


adam-smith-historia-del-pensamiento-economicoHace una semana leí un muy interesante artículo sobre  historia de la economía escrito por Sebastián Laza hace al menos 5 años. Trata de manera muy breve y completa sobre las 8 principales corrientes de pensamiento económico desde Grecia hasta nuestros días. Está escrito en un lenguaje muy sencillo para los profanos en la materia, por lo que cualquiera que tenga curiosidad y 15 minutos podrá aprender mucho con ambos artículos. Para hacer más amena su lectura, he dividido el artículo original de Sebastián en dos posts.

Imagen: Adam Smith, padre del capitalismo. Fuente: Google Sites. Leer más “Breve historia del pensamiento económico I: del Mercantilismo al Marxismo”

De elefantes y pulgas habla Charles Handy

Irlandés, filósofo, autor de 20 libros sobre management y conducta organizacional. The Elephant and the Flee (2001) no es su último libro, pero los temas que trata allí siguen generando atención y, sobre todo, preocupación.

Muchos ven en Charles Handy al más grande pensador británico del management. Le ha dado a ese campo, dicen, la elocuencia y elegancia filosófica que le faltaba. En realidad, ha hecho mucho más. Desde que dejó su alto cargo en Shell en 1965, fue consultor y conferencista además de co fundador y profesor de la London Business School. De sus 15 libros publicados, uno de los últimos es The Elephant and The Flea (El elefante y la pulga) del cual habla aquí con Stephen Bernhut, director del Ivey Business Journal.

Un mundo de elefantes y pulgas. ¿Cómo llegó a esa clasificación?


Irlandés, filósofo, autor de 20 libros sobre management y conducta organizacional. The Elephant and the Flee (2001) no es su último libro, pero los temas que trata allí siguen generando atención y, sobre todo, preocupación.

Muchos ven en Charles Handy al más grande pensador británico del management. Le ha dado a ese campo, dicen, la elocuencia y elegancia filosófica que le faltaba. En realidad, ha hecho mucho más. Desde que dejó su alto cargo en Shell en 1965, fue consultor y conferencista además de co fundador y profesor de la London Business School. De sus 15 libros publicados, uno de los últimos es The Elephant and The Flea (El elefante y la pulga) del cual habla aquí con Stephen Bernhut, director del Ivey Business Journal.

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