¿Existe la igualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral?

Así lo constató Mariana, una profesional que encontró frenos a la hora de escalar posiciones en la empresa en la que se desempeñaba. “En algunas organizaciones ni siquiera teniendo una carrera universitaria y estudios de posgrado se tienen las mismas oportunidades que un hombre. Algunos piensan que una mujer puede ser sólo secretaria. Mi jefe mi dijo una vez ¿Project Manager? Lo tenés complicado siendo mujer y de estatura media. Creo que hay empresas muy machistas, que quieren aparentar no serlo contratando muchas mujeres, pero impidiéndoles llegar a posiciones importantes”.

Para Estela Díaz, coordinadora del Cemyt, “cambiar la situación actual se vuelve difícil porque la discriminación es “de hecho y no de derecho”, y no existe ninguna prohibición legal para que ese sector no pueda ocupar puestos ejecutivos o de mayor jerarquía.

Esa subordinación, opina, se debe a factores culturales. “La desigualdad entre los sexos está presente como factor que estructura las relaciones de producción y la división del trabajo”, afirmó y explicó que las mujeres siguen siendo hoy quienes mayoritariamente se hacen cargo del hogar y del cuidado familiar.


Pese a que creció la tasa de mano de obra femenina, ellas suelen encontrarse con dificultades; la opinión de especialistas y testimonios en primera persona

¿Existe la igualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral?

Foto: Archivo

Por Valeria Vera
De la redacción de lanacion.com
vvera@lanacion.com.ar
@verava

“Cuando tenía 23 años sufrí el acoso de uno de los integrantes de la empresa donde trabajaba. El tenía una jerarquía superior a la mía, pero no era mi jefe. Como no le daba cabida, hizo lo imposible para que me fuera. Después, ya con hijos, me costó conseguir empleo, pese a que mi currículum era impecable. Ahora, mi problema es la edad. Estoy pasando los 50 y todos quieren personal más joven. Es un país machista. Por suerte, no estamos en ninguno de esos lugares donde la mujer es un cero al as, aunque siento que para muchos seguimos siendo ciudadanas de segunda”.

El caso de Susana, cuyo verdadero nombre se mantiene en el anonimato, refleja uno de los tantos ejemplos de las dificultades que encuentran las mujeres en el mercado laboral, a pesar de que cada vez ocupan más puestos en las oficinas.

Parecen postales de otro siglo, pero el acoso sexual, los techos estipulados para ascender en el escalafón, la feminización de algunas profesiones (la docencia y la enfermería, entre otras) y el desequilibrio remunerativo con relación a los hombres son algunas de las formas actuales que adquiere la discriminación contra la mujer en los espacios laborales. En la Argentina, coinciden los especialistas, las diferencias ligadas al sexo y los frenos para ocupar cargos altos siguen en escena.

Según un informe de 2010 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de actividad de la mano de obra femenina aumentó de 50,2 a 51,7 % entre 1980 y 2008. La región donde se registró mayor crecimiento fue precisamente América latina y el Caribe. Sin embargo, según el mismo estudio, existen tres áreas en las que todavía persisten desequilibrios en materia de igualdad de género en este ámbito:

En primer lugar, casi la mitad (48,4%) de la población femenina con más de 15 años permanece económicamente inactiva, comparado con el 22,3 % de los hombres. En algunas regiones, todavía hay menos de 4 mujeres económicamente activas por cada 10 hombres activos. En segundo lugar, aquellas que quieren trabajar tienen más dificultades que los varones a la hora de encontrar empleo. Por último, cuando las mujeres encuentran trabajo reciben menores salarios y beneficios que los del sexo opuesto en posiciones similares.

De hecho, el último mapa económico de empresas en la Argentina, elaborado en 2007 por FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), reveló que sólo el 21% de ese sector tiene acceso a niveles gerenciales.

De acuerdo con los datos provistos por el Centro de Estudios de Mujeres y Trabajo en la Argentina (Cemyt), la tasa de actividad de los varones en el país corresponde al 74%, mientras que la del sector femenino ronda el 48%. En este último caso, el desempleo alcanza el 10,5%, cuando los hombres lograron bajarlo a un dígito, cercano al 9%.

Frenos culturales. Claudio Morgado, presidente del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), señaló a lanacion.com que en esta problemática “está presente un paradigma patriarcal que subyace y construye la violencia de género”.

Así lo constató Mariana, una profesional que encontró frenos a la hora de escalar posiciones en la empresa en la que se desempeñaba. “En algunas organizaciones ni siquiera teniendo una carrera universitaria y estudios de posgrado se tienen las mismas oportunidades que un hombre. Algunos piensan que una mujer puede ser sólo secretaria. Mi jefe mi dijo una vez ¿Project Manager? Lo tenés complicado siendo mujer y de estatura media. Creo que hay empresas muy machistas, que quieren aparentar no serlo contratando muchas mujeres, pero impidiéndoles llegar a posiciones importantes”.

Para Estela Díaz, coordinadora del Cemyt, “cambiar la situación actual se vuelve difícil porque la discriminación es “de hecho y no de derecho”, y no existe ninguna prohibición legal para que ese sector no pueda ocupar puestos ejecutivos o de mayor jerarquía.

Esa subordinación, opina, se debe a factores culturales. “La desigualdad entre los sexos está presente como factor que estructura las relaciones de producción y la división del trabajo”, afirmó y explicó que las mujeres siguen siendo hoy quienes mayoritariamente se hacen cargo del hogar y del cuidado familiar.

En ese sentido, el informe Sombra, presentado a fines de julio en Nueva York por el Comité para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), subrayó que “cuando se hacen comparaciones, hay que considerar que la elección de trabajar menos horas por parte de las mujeres o de interrumpir su participación en el mercado laboral a lo largo del ciclo de vida no es una libre elección. Muy por el contrario, está condicionada por los mandatos sociales”.

Según Díaz, la tensión que se produce entre la vida privada y pública, entre la elección profesional y la vida familiar, se vuelve evidente al observar la cantidad de mujeres que no participa del mercado o lo hace a tiempo parcial para poder cumplir con todas las obligaciones.

Pese a contar con un sistema de cupo femenino en el Congreso Nacional (la ley 24.102 fija en el 30% la proporción mínima de candidatas que deben ser incorporadas en las listas a cargos electivos), las mujeres representan, según datos recogidos por la Cedaw en marzo de este año, sólo el 38,5% del total de sus integrantes. Es decir, según sugiere la investigación, que “el piso de participación de mujeres se ha convertido en un techo para su incorporación”.

Algo similar, planteó el documento, ocurre en el plano mundial, donde la presencia femenina en embajadas y representaciones es prácticamente nula al contrastarla con el desempeño, casi exclusivo, que tienen los diplomáticos varones en iguales condiciones.

Desde el Inadi y las ONG concluyeron que, si bien la mujer logró avanzar y posicionarse dentro del mercado laboral, la desigualdad permanece arraigada en la sociedad argentina. La solución, insistieron, requiere del compromiso de todos los actores para que la problemática no se vuelva invisible a los ojos de quienes detentan el poder en las empresas y llevan adelante los procesos de selección de personal.

Autor: Gabriel Catalano - human being | (#IN).perfección®

Lo importante es el camino que recorremos, las metas son apenas el resultado de ese recorrido. Llegar generalmente significa, volver a empezar!