La Argentina de 1910 y la del Bicentenario

¿Qué se puede celebrar en este Bicentenario? Ciertamente, poco y nada. Hago mías las palabras de un periodista que hace unas horas, ante tanto bombo y platillo oficial por el Bicentenario, señaló: «No creo que se pueda festejar demasiado y por eso todos estos actos que se realizan son puro maquillaje, pura política enclenque para la imagen y para los votos. ¿Importarán los próceres? No lo creo. Si importaran, si se los honrara debidamente, no habría tantas divisiones, tanto resentimiento, odio, disputas, tanto disparate junto. ¿Importará la Patria y sus hijos? No lo creo. Hay hoy, como en otras partes de la historia nacional, demasiadas espadas sin cabezas; demasiado poder sin seso, o con seso para defender sus puros intereses, pero no los del prójimo. Demasiada mezquindad en uno y otro bando. Demasiados festivales y fuegos de artificio, pero escasa justicia social».

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Vieja Recova ubicada en la actual Plaza de May...
Image via Wikipedia

Por: Orlando Vignatti
Hay una realidad incontrastable; no está dada por las mediciones estadísticas (que la refrendan, desde luego), sino por hechos sociales que suelen ser más precisos. A principios del siglo pasado, es decir, por aquellos días en que ciertamente había razones para celebrar por los cien años de la Patria, un emigrante europeo, antes de zarpar del Viejo Continente, dudaba sobre si elegir como nuevo hogar los Estados Unidos de América o la Argentina. Las corrientes más grandes de afluencia de europeos, de hecho, se dieron en el país del Norte y en la Argentina, que entonces era una nación líder en toda Latinoamérica. Entre 1906 y 1910 llegaron a estas tierras, atraídos por las bondades que ella ofrecía, alrededor de 84.000 europeos. Por esos días, el comercio exterior alcanzaba la cifra de 724.000.000 de pesos oro.

Los cien años encontraron a nuestro país entre las nueve economías más importantes del mundo, con un Producto Bruto Interno de 26 mil millones de dólares.

Las estadísticas dan cuenta de que en 1910 el ciudadano argentino figuraba dentro de los ocho más ricos del mundo. Era una época de prosperidad económica, de realizaciones. Se construyeron por esos años los subterráneos en la ciudad de Buenos Aires, se extendieron las líneas férreas (más de 7.000 kilómetros), al nacionalizarse. En 1958 llegó Arturo Frondizi y levantó todo lo que se había construido. Más tarde, el ministro de Economía, Federico Pinedo, decretó una tremenda devaluación que generó una devastación en el mercado laboral.

En los principios del siglo XX, se impulsó la explotación del petróleo, se creó la marina mercante y el país era elegido no sólo como nuevo hogar por parte de una inmigración que veía aquí oportunidades ciertas, sino por empresas que decidían que en este suelo estaban dadas todas las condiciones naturales y jurídicas para la inversión.

Es cierto que se cometieron algunas veces injusticias sociales, pero de lo que no se puede dudar es de que por aquellos años de comienzos del siglo pasado la Nación creció.

Lo hizo en el campo de la economía, pero también en la ciencia, la educación, la cultura. El emblemático Teatro Colón se inauguró el 25 de Mayo de 1908. Claro, la idiosincrasia, el temperamento de la dirigencia eran otros, por eso el presidente José Figueroa Alcorta asistió a la velada de inauguración del célebre teatro.

Ayer, por las disputas y enconos políticos, la presidente Cristina de Kirchner decidió no participar de la reinauguración de la maravillosa sala y tampoco lo hicieron los llamados gobernadores K… Es un ejemplo de las razones por las cuales el país se debate entre la aflicción y la pobreza, no sólo material.

¿Qué se puede celebrar en este Bicentenario? Ciertamente, poco y nada. Hago mías las palabras de un periodista que hace unas horas, ante tanto bombo y platillo oficial por el Bicentenario, señaló: «No creo que se pueda festejar demasiado y por eso todos estos actos que se realizan son puro maquillaje, pura política enclenque para la imagen y para los votos. ¿Importarán los próceres? No lo creo. Si importaran, si se los honrara debidamente, no habría tantas divisiones, tanto resentimiento, odio, disputas, tanto disparate junto. ¿Importará la Patria y sus hijos? No lo creo. Hay hoy, como en otras partes de la historia nacional, demasiadas espadas sin cabezas; demasiado poder sin seso, o con seso para defender sus puros intereses, pero no los del prójimo. Demasiada mezquindad en uno y otro bando. Demasiados festivales y fuegos de artificio, pero escasa justicia social».

Aun cuando duela, cuando suene a escepticismo, debe decirse que este Bicentenario encuentra a la Patria y a muchísimos de sus hijos, de todas las clases y de todas las edades, afligidos, preocupados, muchas veces sometidos, desprotegidos. Desde hace bastante tiempo a los argentinos les hablan demasiado, pero les niegan más. A la Patria se la nombra mucho, pero se la ama poco. La disidencia, beneficiosa cuando es responsable, se ha tornado resentimiento, y la unión para el desarrollo social es un sueño de unos pocos, como el de aquellos hombres de víspera de Mayo de 1810. El pueblo, mientras tanto, sigue sin saber de qué se trata. Aunque a veces lo intuye y llora. 

http://www.ambito.com/noticia.asp?id=524289

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Autor: Gabriel Catalano - human being | (#IN).perfección®

Lo importante es el camino que recorremos, las metas son apenas el resultado de ese recorrido. Llegar generalmente significa, volver a empezar!