El mito del genio y algunas conclusiones sobre la creatividad


Einstein

By Santiago Bilinkis

Hace un tiempo atrás inicié una serie de posts sobre la creatividad y sus mitos. En el primero de ellos discutimos el mito del la creatividad como fruto del pensamiento inconciente. En el segundo, el rol de la experiencia previa. Y en el tercero, en qué medida la creatividad es innata o se adquiere.

Este post es el último de esta serie. Discute un último mito y pasa en limpio algunas conclusiones finales.

Empecemos por “el mito del genio”. Muchas personas, cuando piensan en alguien creativo piensan en alguien “distinto”. Una persona que posee características extraordinarias que lo diferencian del resto. Piensan en un genio.

De hehco, muchas investigaciones se enfocaron en entender la personalidad de los grandes científicos y artistas, buscando aislar cuáles eran los rasgos que los hacían ser especiales. La idea implícita era identificar esos rasgos para poder fomentarlos en el resto y así “producir genios”. Hay varias características de personalidad que suelen ser postuladas como específicas de los “genios”: sensibilidad para detectar los campos en que pueden hacerse avances, flexibilidad para romper con preconceptos, inquisitividad, etc. Sin embargo, la realidad de los genios parece no amoldarse a estas teorías. Veámoslo en ejemplos.

Isaac Newton es considerado quizá el más grande científico de la historia. Sus teorías ampliaron la comprensión humana del mundo más que ninguna otra. Formuló las leyes de la mecánica que lleva su nombre, realizó importantes avances en el estudio de la luz e inventó el cálculo diferencial, entre otras cosas. Sin embargo, Newton también dedicó veinticinco años de su vida a la alquimia, en busca de fuerzas y elixires misteriosos para influir en la naturaleza. Pese al tiempo que le dedicó y a las más de un millón de palabras que escribió al respecto, no pudo hacer un avance significativo en este campo.

Sin embargo, el ejemplo no nos dice nada sobre su real sensibilidad y puede ilustrar dos cosas. Una, casi obvia, que Newton pudo haberse equivocado y sentido frustrado. Otra, que tal vez dedicarse a la alquimia le haya dado un placer, una diversión, que no sólo haya justificado el esfuerzo, sino incluso facilitado su labor en otros campos. No es justo valorar a otro, sólo por sus aciertos.

El segundo ejemplo, quizá más llamativo aún, es el de Einstein. Una intuición poderosa le permitió desarrollar la que quizá fue la teoría científica más audaz jamás planteada, la Teoría de la Relatividad. Una de las direcciones abiertas a partir de sus descubrimientos y a la que hizo grandes aportes fue la mecánica cuántica. Sin embargo, muchas de las consecuencias de esta misma teoría le resultaban inaceptables, especialmente el principio de indeterminación. La idea de que no podía saberse exactamente cómo era el Universo sino a través de enunciados probabilísticos le parecía completamente desacertada, escribiendo en 1926 su famosa frase: ”Usted cree en un Dios que juega a los dados, y yo, en la ley y el orden absolutos en un mundo que existe objetivamente, y el cual, de forma insensatamente especulativa, estoy tratando de comprender (…). Ni siquiera el gran éxito inicial de la teoría cuántica me hace creer en un juego de dados fundamental”.

En el caso de Einstein, la flexibilidad que exhibió para romper con el paradigma preexistente a su teoría le faltó a la hora de enfrentarse al próximo. Fue, en definitiva, su propia personalidad la que le permitió ser genial primero, y se lo “impidió” después. Un mismo rasgo puede llevar a un individuo a lograr avances impresionantes y a tener una enorme resistencia a los avances de otros.

Otro dato importante es que ningúna persona brillante lo fue parejamente a lo largo de su vida. Todos tuvieron altibajos en su creación. Sin embargo, no dejaron de ser la misma persona, con las mismas cualidades y defectos que en sus mejores momentos.

En conclusión, sobran ejemplos que desmienten la idealización que solemos hacer de los hombres “geniales” que conocemos, y el modo impersonal y exitista con que los juzgamos. Creer en uno mismo, estar dispuesto a arriesgar, tener coraje, ganas, perseverancia y paciencia; cosas más cercanas a nosotros, cualidades que tenemos y somos capaces de desarrollar, son las que pueden hacernos libres de sacar a la luz todo nuestro potencial creativo. Buscar lo que nos gusta, disfrutar de lo que hacemos, es el mejor camino para encontrar esas cualidades en nosotros mismos. Nada nos hace más aptos para resolver un problema creativamente que disfrutar haciéndolo .

Si intentáramos aislar una diferencia importante entre aquellos que fueron grandes creadores y aquellos que no lo fueron, tal vez la más significativa sea la enorme pasión que los movía. Fueron diferentes porque eso los hizo libres.

—————————————–

CREATIVIDAD: LO QUE SOMOS

Comenzamos discutiendo el rol del inconsciente en la búsqueda de soluciones creativas para un problema. Analizamos el papel del conocimiento. Luego, planteamos la discusión sobre la posibilidad de que nuestra capacidad de generar dichas soluciones sea mejorada a través de técnicas específicas. Finalmente, discutimos la existencia de rasgos de personalidad directamente asociados con la genialidad. Es el momento de volver al principio: ¿qué nos ha dicho todo esto respecto de la naturaleza de la creatividad?

En principio, que todos somos creativos . Los “requisitos” no son extrañas virtudes desconocidas, sino habilidades que todos tenemos en mayor o menor grado.

Para usar nuestra creatividad es fundamental lograr congeniar dos aspectos aparentemente contradictorios: nuestra actitud debe ser decidida y activa, pero a la vez, serena y receptiva. Es necesario tener algunos conocimientos y saber cómo utilizarlos. Son imprescindibles las inquietudes, la curiosidad; hace falta coraje, tenacidad, confianza. Es decir, hacernos conscientes de nuestra creatividad y usarla plenamente está al alcance de todos. Ser creativo no es ser “diferente”.

En segundo lugar, esto nos muestra que todo puede hacerse creativamente. Prestando atención podemos encontrar muestras de soluciones creativas en nuestra actividad cotidiana. Sin embargo, solemos subestimar nuestro potencial creativo y sus principales virtudes. Por un lado, con creatividad, las cosas salen mejor. Obtenemos resultados que de otro modo no alcanzaríamos. Por otro, se disfruta más haciéndolas.

Finalmente, creatividad no es ser diferente, pero todos somos distintos . Cada cual tiene sus virtudes y defectos, y disfruta de cosas que le son únicas. Saber unir lo que nos gusta a nuestras tareas diarias es la mejor garantía de hacerlas bien, y, lo que es mucho más importante, alcanzar el fin de disfrutar y realizarnos a través de lo que hacemos.

Foto: Gisela Giardino (Créase o no, es una versión libre de la famosa foto de Einstein sacando la lengua!)
http://spanish.bilinkis.com/2010/03/la-creatividad-el-mito-del-genio-y-algunas-conclusiones/
Anuncios

Autor: Gabriel Catalano - human being | (#IN).perfección®

Lo importante es el camino que recorremos, las metas son apenas el resultado de ese recorrido. Llegar generalmente significa, volver a empezar!

Un comentario en “El mito del genio y algunas conclusiones sobre la creatividad”

Los comentarios están cerrados.