Cuando hablamos de la visión, rápidamente nos viene a la mente el concepto más simple que a todos nos inculcan y el más básico en la carrera profesional, que es el “cómo nos vemos en el futuro”. Pero luego de haber leído diferentes libros y artículos, además de haber conversado con especialistas en diferentes ramas de la administración, fueron saltando ideas que iban completando una visión mucho más aterrizada que aquella idea inicial. Por un lado encontré que no sólo bastaba con que fuera el producto de nuestra imaginación sumada con nuestros deseos, la visión debe ser definida como una frase inspiradora y que a la vez defina a la institución de una manera tan real como si ya se hubiese construido; a esta visión de una organización exitosa y realizada, un catedrático la denominó como la “visión de éxito”, que no es más que la típica articulación que encontramos en muchos negocios en la que se utilizan expresiones como “ser una empresa líder en…” o “Ser reconocidos como la mejor empresa de determinado sector”. Pero hasta aquí la visión no está completa, porque sería como ver desde afuera de un restaurante un delicioso plato sin ni siquiera sentir su aroma y mucho menos llegar a saborearlo. Es aquí, donde también puede añadirse a todo esto el concepto de “nivel de servicio objetivo”, que viene a ser la descripción de lo que hacemos pero al nivel de la segunda idea (visión de éxito). Es decir que, si buscamos ser el mejor hotel no podemos suponer que nos vamos a ver en nuestra visión como un gran hotel lujoso y reconocido pero con la misma calidad de atención que brindamos el día de hoy, hay que ser realistas y tener bien presente que siempre que hagas lo mismo no podrás esperar resultados diferentes, y mucho menos mejores, en este mundo de consumidores cada vez más informados, conectados y exigentes.