REVISTA ROOMIN | Frank Sinatra El hombre que vivió a su manera


Via Scoop.ithuman being in – perfección

LA NADA

Barrio de inmigrantes, estridente, pobre, sucio. Casa de ladrillos rojos ennegrecidos por el tiempo y el hollín. Padre: Antonio Martino Sinatra. Madre: Natalia Garavanti. Llegados del sur de Italia. Antonio, boxeador fracasado y bombero. Natalia, pelirroja auténtica, cantinera y comadrona. Natalia, que el 12 de septiembre de 1915 grita, se sofoca, vuelve a gritar, y lo último que ve antes de desmayarse son dos manos enguantadas y un fórceps. Llega al mundo y a duras penas Francis Albert. El fórceps le talla una herida en la cabeza. Pesa seis kilos. Está muerto o parece muerto. El médico –sin esperanza– lo deja a un costado y trata de salvar a Natalia. Pero la abuela Garavanti irrumpe en la escena, atrapa a Francis, lo hunde bajo un chorro de agua, le pega una casi brutal palmada, y el bebé condenado le escupe al planeta su primera y tal vez única nota desafinada. Crece. Es feo, gordo, y blanco de cuanta burla ronda ese sórdido barrio. Aprende –Antonio le enseña– a pegar donde más duele. Tanto aprende que, muchos años después, irritado por un amorío trunco y con más bourbon del tolerable, se lía a puñetazos con John Wayne, que le lleva medio metro y más de 30 kilos. Pero todavía es Hoboken, todavía vive en la calle Monroe, todavía vende diarios, todavía roba con su pandilla y hasta se jacta de su mejor botín: una bañera con canillas y todo.

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